Sobre música, cine, literatura… ¿Me dejo algo que importe?

Última

Diciembre

¿Sabes cuando tienes sed, pero no eres consciente de ello hasta que te bebes de un trago un vaso de agua? Pues eso es lo que me pasaba a mí últimamente con el rock español. Hacía tiempo que no daba con un disco que me apeteciera volver a escuchar nada más terminarlo. Los últimos de Loquillo y Bunbury no eran precisamente de esos: Diciembre, de Leiva, sí lo es. Escribo estas líneas durante mi tercera audición consecutiva del CD recién comprado.

No pretendo desmenuzarlo canción a canción, aunque ya pueda apuntar un par de favoritas (más bien un par de pares), sino señalar lo consistente que es a lo largo de sus 47 minutos. Hay poca paja en este disco. El mérito le corresponde, claro, a Leiva, quien, además de componer y cantar, toca la batería, el bajo y las guitarras en todas las canciones (a veces también la mandolina y el sitar, ¡cágate!). A eso hay que sumarle piano, metales, coros y alguna cuerda; y si no suena sobreproducido también es gracias a él, que se ha encargado de los arreglos. Y encima tiene una novia muy guapa: normal que haya gente que le deteste.

Diciembre es el disco que espero de Quique González desde hace años, pero que este nunca termina de rematar, quizá porque su balanza se inclina más hacia la pesadumbre que hacia la (aparente) ligereza que Leiva sí es capaz de imprimirle. Preveo que voy a escuchar este trabajo muchas veces.

Recomiendo Diciembre.

Sin comentarios

Cada vez que leo los comentarios que escribe la gente en una noticia del periódico, en un vídeo de YouTube o en un foro cualquiera, constato que ya no se estila privarte de opinar cuando no sabes nada del tema: en esta era nuestra, lo fundamental es tener una postura y defenderla con agresividad y arrogancia, sin importar lo estúpidas o demagógicas que suenen tus palabras. No está bien visto decir ”lo siento, no tengo una opinión formada sobre ese tema” o “me falta información para opinar”.

Se me ocurre que no vendría mal poner a prueba los conocimientos de alguien sobre un tema antes de dejarle opinar. Aquí lanzo mi idea: cinco rápidas preguntas tipo test (sí/no) para ratificar que sabes de lo que hablas y, entonces sí, permitirte pontificar. Un ejemplo práctico. En una noticia deportiva, la primera pregunta podría ser: “¿Es Mourinho el entrenador del Barça?”. Solo con eso, ignorantes como yo nos abstendríamos de opinar sobre un tema del que no sabemos nada y que ni nos va ni nos viene.

Todo el mundo tiene derecho a opinar, pero no todo el mundo tiene criterio para hacerlo.

¡Viva Cronenberg!

Últimamente le estoy dando un repasillo a la etapa venérea de la filmografía de David Cronenberg, la que empieza en su ópera prima Vinieron de dentro de… y termina en Inseparables, pasando por Rabia, Cromosoma 3, Videodrome y La mosca. Algunas no las había vuelto a ver desde la infancia/adolescencia, cuando las descubrí gracias al memorable programa Noche de lobos (que una Antena 3 muy distinta a la actual emitía los domingos por la noche). Gracias Juan Luis Goas, donde quiera que estés.

Cronenberg aprendió a rodar rodando. Su evolución como narrador a lo largo de sus películas de los 70 es evidente, desde la tosquedad formal de Vinieron de dentro de… hasta la madurez expresiva de La zona muerta, ya en los 80. Sus inquietudes recurrentes, en cambio, están ahí desde el primer minuto: Cronenberg no debutó en la dirección de largometrajes hasta después de cumplir los treinta, y para entonces ya tenía bien claro lo que quería contar. Solo necesitó un par de películas para aprender el cómo.

Es curioso que, en esta época de remakes sin freno, nadie se haya abalanzado todavía sobre la obra de Cronenberg, pues sus primeros films (hasta Scanners, incluyendo este) son susceptibles de ser mejorados visualmente. Yo creo que es porque aún hoy resultan perturbadores para muchos. Al Cronenberg joven le fascinaban la carne, la sangre y el sexo, y los presentaba con una impudicia canadiense que no es fácil de reciclar en papilla mainstream como los remakes de La matanza de Texas, Las colinas tienen ojos o Los crazies.

Todas sus películas son (cuando menos) interesantes, pero La mosca es casi perfecta. Tres personajes, apenas una localización, noventa minutos para contar una tragedia anunciada. No es extraño que hace cuatro años se animaran a hacer una ópera con ella. Es el film de Cronenberg que más veces he visto, pero me sigue atrapando como la primera vez. Siento el mismo regocijo, el mismo asco, la misma pena. ¿He dicho casi perfecta? Es una puta obra maestra.

David Cronenberg es el único cineasta de su generación que sigue haciendo películas desafiantes y con garra (Una historia de violencia, Promesas del este, Un método peligroso), pero la locura cromosómica de sus primeras obras es difícil de superar. ¡Viva Cronenberg!

Hoy no estoy para nadie

 

Hoy no estoy para nadie
dejé conectado el contestador.
La nevera está llena
de latas vacías,
no me importa qué digan
o qué piensen de mí.

Han pasado dos días.
Sigo aquí encerrado
no quiero salir.
Sé que hay gente ahí fuera
que se preocupó.
Hoy he escrito dos líneas
que no eran para ti

Hoy no estoy para nadie.
Hoy no estoy para nadie.

El domingo a la tarde
es un día importante
traerán el hachís.
Como todo está oscuro
me encuentro mejor,
sólo espero
que sea un buen material.

Hoy no estoy para nadie.
Hoy no estoy para nadie.
Pediré perdón al salir.
Pediré, pediré, al salir.

Hoy no estoy para nadie.
Hoy no estoy para nadie.

Han pasado los días
sigo aquí encerrado
sin poder salir
sé que no hay gente ahí fuera
y empieza a llover.

Hoy no estoy para nadie.

En el desguace

La página www.lashorasperdidas.com (probablemente, la única web de cine que visito todos los días) nos pone sobre la pista de la siguiente escalofriante fotografía:

El mismo Arnold Schwarzenegger la ha subido a internet, con el siguiente texto: “Después de toda la acción y los excesos físicos de los rodajes de The expendables 2 y The last stand, llegó la hora de unos pequeños reajustes en mi hombro. Fijaos quién estaba, casualmente, esperando en la cola detrás mío para su propia operación de hombro. Ahora estamos listos para otro round durante el rodaje de The tomb” (una película que van a hacer juntos este año Sylvester Stallone y él).

Lo primero que pienso al ver esta imagen es cómo han cambiado los tiempos. Hace diez, veinte años, a ninguna estrella de cine se le hubiera ocurrido divulgar una fotografía mostrándose tan vulnerable, a punto de entrar en quirófano. Seguramente, además, les hubieran puesto a caldo por exhibicionistas. Hoy no solo es el pan de cada día (el exhibicionismo y el voyeurismo necesitan una redefinición urgente en el diccionario), sino que encima no tienen ningún problema en desmontar su imagen icónica: los dos abuelos se están meando de risa por tener que pasar por el desguace.

Lo dicho, los tiempos están cambiando.

Stallone vs. Gere

He encontrado en Google está foto de unos lozanos Sylvester Stallone y Richard Gere que, me parece a mí, rezuma homoerotismo por los cuatro costados:

Sin embargo, Stallone y Gere no eran precisamente amigos en aquella época. Coincidieron en 1974 en el rodaje de The lords of Flatbush (que IMDB afirma que en castellano se tituló Black jackets. Días felices: yo ni confirmo ni desmiento), y el primero hizo que despidieran al segundo. En palabras de Stallone y traducción mía:

“El papel de Chico, que fue interpretado por Perry King, estaba originalmente asignado a Richard Gere. Nunca conectamos. Se paseaba por ahí con una chupa de motorista demasiado grande, como si fuera el más malote caballero de la mesa redonda. Un día, durante una improvisación, me agarró (estábamos ensayando una pelea) y fue demasiado lejos. Le pedí que tuviera más cuidado, pero estaba completamente metido en el personaje y fue imposible entenderse con él.

Estábamos ensayando en Coney Island y era la hora de comer. Decidimos hacer un descanso, y el único sitio en el que se estaba caliente era en el asiento de atrás de un Toyota. Me estaba comiendo un perrito caliente cuando él entró con medio pollo cubierto en mostaza, con el aceite prácticamente chorreando del papel de plata. Yo dije: “vas a pringarlo todo con eso”, a lo que él contesto “qué va, no te preocupes”. Le advertí: “si me manchas los pantalones te vas a enterar”.

Apenas mordió el pollo, un grasiento río de mostaza aterrizó en mis pantalones. Le agarré por la cabeza y le arrojé fuera del coche. El director tuvo que hacer una elección: uno de nosotros tenía que irse, uno de nosotros tenía que quedarse. Richard recibió la carta de despido, y desde entonces hasta hoy me odia seriamente. Incluso cree que soy el único responsable del rumor del hámster. Lo que no es verdad… Pero ése es el rumor”.

Pues esa es la historia. Para rematar este post homoerótico de Stallone con una pátina artística, ahí va una polaroid de Warhol:

(Sí, yo también pienso que Andy a veces era un jeta).

 

 

Clandestino sabe mejor

El día de los muertos no es solo mi película de zombies favorita de George A. Romero, sino probablemente de toda su filmografía (en dura pugna, por motivos sentimentales, con Creepshow). Desde luego, fue la que más me aterrorizó de la trilogía original: recuerdo la primera vez que la vi, a los trece años, en casa de mis abuelos de madrugada. Coño, qué miedo pasé y cuánto me costó dormir después. Qué maravillosa sensación.

Y lo que más me gustaba era que nadie más sabía de su existencia. En mi pequeño universo (Albacete, 1991), ninguno de mis parientes y conocidos había oído hablar de El día de los muertos. No había tenido ningún impacto en las carteleras cuando se estrenó en 1987, con dos años de retraso con respecto a los U.S.A., ni era fácil de localizar en VHS, editada por una marca ya extinta. Yo me hice con una copia de segunda mano rescatada de un cajón de Galerías y la guardé como un tesoro, preguntándome si no tendría en mis manos la última copia en el mundo de El día de los muertos. Estoy exagerando, vale, pero esa sensación de exclusividad era deliciosa. Romero hacía sus películas solo para mí.

El otro día compré en Amazon (Reino Unido) por 8 libras esta edición en Bluray de la película:

Es una edición impresionante, la verdad. Tiene cuatro carátulas distintas, un póster y un cómic; reportajes muy completos (con escenas de un rodaje mitificado que jamás creí que atisbaría) y una imagen y un sonido deslumbrantes. Y todo por diez míseros euros.

Pero… Ya no es esa joyita clandestina. Ya no es mi día de los muertos. Es el de todos los que piensan igual que yo y así lo cuentan en Amazon. Es de dominio público. De la humanidad. Y eso me hace pensar que internet nos comunica, nos globaliza, sí… aunque también nos roba algo a cambio.

¿Dónde estará mi rosoño VHS de El día de los muertos?

Carlos

No quise ir a ver Carlos al cine porque, sencillamente, no quería ver una versión mutilada: comprendo que no podían estrenar una película de 330 minutos, pero tratar de sintetizar esta historia en 160 se carga toda su épica. Esta semana por fin he podido ver la versión íntegra y, sí, es una maravilla. Me hubiera gustado mirar por un agujero en la primera reunión con Canal Plus Francia, cuando Olivier Assayas explicaba: “Será una trilogía de películas, en Scope, habladas en media docena de idiomas, que transcurrirá en otros tantos países durante dos décadas”. Y sí, lo fue. Prueba a soltar esa frase en España…

Recomiendo encarecidamente Carlos. Entre otras muchas cosas, por la magnética interpretación que Edgar Ramírez hace del terrorista Illich Ramírez Sánchez, alias Carlos, alias El Chacal. Este, sin embargo, no ha visto con buenos ojos su retrato y, desde la cárcel donde cumple cadena perpetua en París, le escribió al actor la siguiente carta:

“Mensaje para Edgar Ramírez,

Hace casi cinco siglos, los “conquistadores” españoles descubren una mina explotada por los nativos americanos, donde fundan la ciudad lobata, la más antigua en el estado de Táchira, Venezuela. Un conquistador llamado Ramírez es antepasado común de nuestros descendientes que colonizaron otras áreas, como La Grita – su industria – y Michelena, fundada por mi abuelo y sus amigos, ya lleno de gente en Lobata. Familias Michelena se han distinguido en la sociedad y la historia moderna de Venezuela como un prefecto, maestros, farmacéuticos, abogados, militares, ingenieros… Que ideológicamente, van desde la derecha conservadora a la izquierda comunista.

Ninguno de ellos ha traicionado a nuestro país al convertirse en un agente de potencias extranjeras. Ninguno de ellos ha deshonrado a nuestra familia. ¿Por qué, Edgar, aceptas el distorsionar la verdad histórica? ¿Por qué te prestas a la propaganda contra-revolucionaria difamando al más famoso de los Ramírez? Yo me mantengo en firme, intransigente sobre los principios transmitidos por mi padre, y renuncio a venderme a un imperio decadente. Edgar, no dejes que la gloria efímera, el caldo de Hollywood te haga girar la cabeza. El renombre mediático es algo pasajero. No se puede sustituir por el respeto, el honor, la realidad.

¡Viva nuestra Venezuela Bolivariana! ¡Viva nuestra Tierra Santa de Palestina! Dios es el más grande.

Carlos, Poissy, 14 de mayo de 2010″.

¿Tres tertulianos de Crónicas marcianas? No, Carlos El Chacal en tres momentos de su vida:

Y también tiene Carlos algunas puntualizaciones que hacer sobre la inexactitud de su imagen cinematográfica, a saber: “Nunca he tomado anfetaminas u otras drogas en mi vida”; “Nunca visité ese hotel en Bagdad”; “No usé cadenas de oro, no camino descalzo y no soy un amante de prostitutas”. Aparte de eso, parece conforme con aparecer como un sociópata desalmado, mesiánico y megalómano. ¡Me encantaría oír la opinión de Carlos sobre The Jackal y Caza al terrorista!

Algunas pelis que te entran ganas de revisar después de ver “Drive”

Vivir y morir en L.A. (William Friedkin, 1985):

8 millones de maneras de morir (Hal Ashby, 1986):

Black rain (Ridley Scott, 1989):

Ladrón (Michael Mann, 1981):

Collateral (Michael Mann, 2004):

Prometheus

Uhm… Vale. Le echaremos un vistazo.

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