Sobre música, cine, literatura… ¿Me dejo algo que importe?

Última

Placeres culpables: “Terrorífica luna de miel”

Yo no sé si Terrorífica luna de miel (1986) es una buena película, ni quiero saberlo. Probablemente no lo es, pero ver su carátula con los logos de Orion y RCA Home Video me lleva a recordar mis horas de infancia pasadas en el video-club (primero Electro-Miguel, luego Imagen) y me pone inmediatamente de buen humor. Quien desdeña el formato físico de las películas es porque nunca sostuvo entre sus manos aquellas prometedoras carátulas en Beta o VHS, desgranando su diseño gráfico de colores chillones e inventando en su cabeza las películas que habría dentro, libre de la sobredosis de información que tenemos hoy en día sobre cada película que se estrena.

Terrorífica… es la última película dirigida por Gene Wilder y la última protagonizada por su mujer Gilda Radner, fallecida tres años después a los cuarenta y tres años. Hay en ella un aroma a fin de una época. Mel Brooks no participa de ninguna manera en ella, pero el parentesco con El jovencito Frankenstein es evidente: ambas son comedias inspiradas en los lugares comunes del género de terror escritas por Gene Wilder. Otro punto en común con la filmografía de Brooks es la presencia del actor Dom Deluise, que aquí hace un papel femenino desopilante, absolutamente maravilloso. Ni Carlos Areces interpretaría con más gracia ese personaje de señorona mayor.

Para mí, Wilder está on fire en esta película. Mucha gente le recuerda por su etapa setentera junto a Brooks (Los productores, Sillas de montar calientes) y por su encarnación de Willy Wonka; sin embargo, por proximidad temporal, yo conocí primero su etapa ochentera, que abarca esta película, La mujer de rojo (1984) y sus colaboraciones con Richard Pryor, No me chilles que no te veo (1989) principalmente. Cuando hizo Terrorífica…, Wilder tenía ya cincuenta y tres años, pero seguía conservando ese aspecto naif y ese aura de inocencia que hacían que conectara tan bien con la infancia. Por decirlo de otro modo, si alguien hubiera sacado un muñeco articulado de Gene Wilder al mercado en los ochenta, yo me lo hubiera comprado. Demonios, me lo compraría ahora.

Equidistante de El jovencito Frankenstein y de Aquí huele a muerto (Pues yo no he sido) (1990), Terrorífica luna de miel vendría a ser una versión low cost de Un cadáver a los postres (1976). Con todo, su dirección artística y su fotografía son bastante notables, y la música de John Morris es maravillosa, a la altura de las mejores que hizo para Mel Brooks.

No me atrevo a recomendar esta película, pero el hecho es que para mí son ochenta minutos de regocijo infantil. Y más en un dvd pelado de extras y con un doblaje en castellano de la época en sonido ¡Mono!: ni en VHS, vamos.

Terrorífica luna de miel: uno de mis placeres culpables.

¿Qué fue de… Dick Van Dyke?

Imagino que pocos nos hacemos hoy esa pregunta: solamente cuando pillamos en algún canal un trozo de Mary Poppins o Chitty Chitty Bang Bang y le vemos ahí, atemporal, risueño y despreocupado, bailando en brillante Technicolor. Y en parte no nos la hacemos porque la respuesta parece dolorosamente obvia: “pues donde va a estar, criando malvas”. Esas películas ya eran “viejunas” cuando nosotros las veíamos de pequeños y ahora parecen incluso prehistóricas.

Bueno, pues Dick Van Dyke no está muerto, ni debe tener pensado hacerlo pronto. Tiene 86 años y acaba de casarse con una maquilladora de 40 años:

¿Qué, cómo te quedas? Cuidado con las presunciones, amigo: este señor te matará con sus zapatos de claqué y bailará sobre tu tumba. Genio y figura.

Más Phenomena en Madrid

Entradas a la venta en Atrápalo.

La que se avecina

¿Sevilla, Las Palmas, Barcelona, San Sebastián, Lisboa, París, Londres, Viena…? ¡Todo se andará! ¡El cielo es el límite!

 

Viendo este vídeo no puedo evitar acordarme de Jon Bon Jovi y su memorable aparición noventera en Antena 3 (con que veáis hasta 0:45 es suficiente, no seáis masoquistas). Dos estilos de hacer promoción televisiva o distintas formas de entender el oficio: sea como sea, es evidente que el secreto no está en el agua de New Jersey.

Tornado

El País publica hoy esta impactante fotografía de un tal Matt Stone:

El pie de foto le pone nombres al drama. Dice así: “Amos Calloway, Steve Burnett y su esposa Rhonda Burnett, después de que el tornado atravesara la localidad de Nuevo Pekín, en Indiana”.

¿El redneck de la imagen se llama Amos? ¿Steve y Rhonda Burnett? ¿Nuevo Pekín, Indiana? ¿Y qué leches están todos mirando fuera de campo? No sé si es la vida la que cada vez se parece más a las películas o viceversa. Pero yo pagaría por ver esta.

Diciembre

¿Sabes cuando tienes sed, pero no eres consciente de ello hasta que te bebes de un trago un vaso de agua? Pues eso es lo que me pasaba a mí últimamente con el rock español. Hacía tiempo que no daba con un disco que me apeteciera volver a escuchar nada más terminarlo. Los últimos de Loquillo y Bunbury no eran precisamente de esos: Diciembre, de Leiva, sí lo es. Escribo estas líneas durante mi tercera audición consecutiva del CD recién comprado.

No pretendo desmenuzarlo canción a canción, aunque ya pueda apuntar un par de favoritas (más bien un par de pares), sino señalar lo consistente que es a lo largo de sus 47 minutos. Hay poca paja en este disco. El mérito le corresponde, claro, a Leiva, quien, además de componer y cantar, toca la batería, el bajo y las guitarras en todas las canciones (a veces también la mandolina y el sitar, ¡cágate!). A eso hay que sumarle piano, metales, coros y alguna cuerda; y si no suena sobreproducido también es gracias a él, que se ha encargado de los arreglos. Y encima tiene una novia muy guapa: normal que haya gente que le deteste.

Diciembre es el disco que espero de Quique González desde hace años, pero que este nunca termina de rematar, quizá porque su balanza se inclina más hacia la pesadumbre que hacia la (aparente) ligereza que Leiva sí es capaz de imprimirle. Preveo que voy a escuchar este trabajo muchas veces.

Recomiendo Diciembre.

Sin comentarios

Cada vez que leo los comentarios que escribe la gente en una noticia del periódico, en un vídeo de YouTube o en un foro cualquiera, constato que ya no se estila privarte de opinar cuando no sabes nada del tema: en esta era nuestra, lo fundamental es tener una postura y defenderla con agresividad y arrogancia, sin importar lo estúpidas o demagógicas que suenen tus palabras. No está bien visto decir ”lo siento, no tengo una opinión formada sobre ese tema” o “me falta información para opinar”.

Se me ocurre que no vendría mal poner a prueba los conocimientos de alguien sobre un tema antes de dejarle opinar. Aquí lanzo mi idea: cinco rápidas preguntas tipo test (sí/no) para ratificar que sabes de lo que hablas y, entonces sí, permitirte pontificar. Un ejemplo práctico. En una noticia deportiva, la primera pregunta podría ser: “¿Es Mourinho el entrenador del Barça?”. Solo con eso, ignorantes como yo nos abstendríamos de opinar sobre un tema del que no sabemos nada y que ni nos va ni nos viene.

Todo el mundo tiene derecho a opinar, pero no todo el mundo tiene criterio para hacerlo.

¡Viva Cronenberg!

Últimamente le estoy dando un repasillo a la etapa venérea de la filmografía de David Cronenberg, la que empieza en su ópera prima Vinieron de dentro de… y termina en Inseparables, pasando por Rabia, Cromosoma 3, Videodrome y La mosca. Algunas no las había vuelto a ver desde la infancia/adolescencia, cuando las descubrí gracias al memorable programa Noche de lobos (que una Antena 3 muy distinta a la actual emitía los domingos por la noche). Gracias Juan Luis Goas, donde quiera que estés.

Cronenberg aprendió a rodar rodando. Su evolución como narrador a lo largo de sus películas de los 70 es evidente, desde la tosquedad formal de Vinieron de dentro de… hasta la madurez expresiva de La zona muerta, ya en los 80. Sus inquietudes recurrentes, en cambio, están ahí desde el primer minuto: Cronenberg no debutó en la dirección de largometrajes hasta después de cumplir los treinta, y para entonces ya tenía bien claro lo que quería contar. Solo necesitó un par de películas para aprender el cómo.

Es curioso que, en esta época de remakes sin freno, nadie se haya abalanzado todavía sobre la obra de Cronenberg, pues sus primeros films (hasta Scanners, incluyendo este) son susceptibles de ser mejorados visualmente. Yo creo que es porque aún hoy resultan perturbadores para muchos. Al Cronenberg joven le fascinaban la carne, la sangre y el sexo, y los presentaba con una impudicia canadiense que no es fácil de reciclar en papilla mainstream como los remakes de La matanza de Texas, Las colinas tienen ojos o Los crazies.

Todas sus películas son (cuando menos) interesantes, pero La mosca es casi perfecta. Tres personajes, apenas una localización, noventa minutos para contar una tragedia anunciada. No es extraño que hace cuatro años se animaran a hacer una ópera con ella. Es el film de Cronenberg que más veces he visto, pero me sigue atrapando como la primera vez. Siento el mismo regocijo, el mismo asco, la misma pena. ¿He dicho casi perfecta? Es una puta obra maestra.

David Cronenberg es el único cineasta de su generación que sigue haciendo películas desafiantes y con garra (Una historia de violencia, Promesas del este, Un método peligroso), pero la locura cromosómica de sus primeras obras es difícil de superar. ¡Viva Cronenberg!

Hoy no estoy para nadie

 

Hoy no estoy para nadie
dejé conectado el contestador.
La nevera está llena
de latas vacías,
no me importa qué digan
o qué piensen de mí.

Han pasado dos días.
Sigo aquí encerrado
no quiero salir.
Sé que hay gente ahí fuera
que se preocupó.
Hoy he escrito dos líneas
que no eran para ti

Hoy no estoy para nadie.
Hoy no estoy para nadie.

El domingo a la tarde
es un día importante
traerán el hachís.
Como todo está oscuro
me encuentro mejor,
sólo espero
que sea un buen material.

Hoy no estoy para nadie.
Hoy no estoy para nadie.
Pediré perdón al salir.
Pediré, pediré, al salir.

Hoy no estoy para nadie.
Hoy no estoy para nadie.

Han pasado los días
sigo aquí encerrado
sin poder salir
sé que no hay gente ahí fuera
y empieza a llover.

Hoy no estoy para nadie.

En el desguace

La página www.lashorasperdidas.com (probablemente, la única web de cine que visito todos los días) nos pone sobre la pista de la siguiente escalofriante fotografía:

El mismo Arnold Schwarzenegger la ha subido a internet, con el siguiente texto: “Después de toda la acción y los excesos físicos de los rodajes de The expendables 2 y The last stand, llegó la hora de unos pequeños reajustes en mi hombro. Fijaos quién estaba, casualmente, esperando en la cola detrás mío para su propia operación de hombro. Ahora estamos listos para otro round durante el rodaje de The tomb” (una película que van a hacer juntos este año Sylvester Stallone y él).

Lo primero que pienso al ver esta imagen es cómo han cambiado los tiempos. Hace diez, veinte años, a ninguna estrella de cine se le hubiera ocurrido divulgar una fotografía mostrándose tan vulnerable, a punto de entrar en quirófano. Seguramente, además, les hubieran puesto a caldo por exhibicionistas. Hoy no solo es el pan de cada día (el exhibicionismo y el voyeurismo necesitan una redefinición urgente en el diccionario), sino que encima no tienen ningún problema en desmontar su imagen icónica: los dos abuelos se están meando de risa por tener que pasar por el desguace.

Lo dicho, los tiempos están cambiando.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.