Sobre música, cine, literatura… ¿Me dejo algo que importe?

Fast & Furious 5

Acabo de pagar por ver la quinta entrega de una serie cuyas predecesoras había, no solo ignorado, sino directamente denostado. Escribo estas líneas para intentar comprender las razones por las que quise ver esta película, que por cierto me ha gustado bastante.

Con cierto esnobismo por mi parte, siempre he pensado que la saga Fast & Furious no era para mí. Bueno, mis prejuicios tenían fundamento, porque no me interesan ni el reggaeton ni el tuning (y me quedo corto: ni tengo carnet de conducir ni sé de qué color es el coche de mi madre). De hecho, la propia franquicia también debe pensar que sus espectadores no son “sofisticados”, porque al término de esta quinta parte aparece una cartela tipo Jackass, que advierte que no hay que intentar repetir las burradas que hemos visto, realizadas por especialistas. No, si ya, no planeaba saltar de un deportivo descapotable mientras éste cae por un puente.

Luego está Vin Diesel, la estrella más implausible del Hollywood moderno; porque, si lo que define a una estrella es una combinación de talento, belleza y carisma, Vin sólo hace gala de un poquito de esto último (y eso dentro de un cuerpo que cada vez se parece más a un cubo de basura). Muchos le dimos por muerto cuando tuvo que volver a esta saga para reverdecer laureles, pero ahí sigue, haciéndose rico y con combustible para diez años más.

Claro que, no hay más que ver la foto de arriba para darse cuenta de que es un pedo mal tirado al lado de The Rock, cuyo único patinazo en esta vida fue su empeño en renunciar a un apodo tan molón por un nombre tan vulgar como Dwayne Johnson. The Rock irradia todo lo que a Vin le falta, y es una pena que no haya tenido acceso a guiones del nivel de los de Schwarzenegger en su época dorada, porque hoy sería el amo del universo. Su presencia en F&F hace la saga diez veces más excitante.

En Fast & Furious 5 (no es el título original, en realidad, pero al menos a esta no la hemos retitulado A todo gas o Aún más rápido, que vaya tela) no podemos tomarnos en serio nada de lo que ocurre, y esa es la clave para disfrutarla. Hay que embelesarse con las tomas aéreas de Río de Janeiro, las curvas femeninas y los coches destrozados, y considerar los diálogos “cómicos” entre los reguetonianos Don Omar y Tego Calderón como interludios en los que desconectar el cerebro.

No doy con las razones por las que quise ver esta película y las anteriores no, pero no descarto ir a ver la sexta entrega si mantiene los niveles de macarrismo y desquicie de esta; y si sale The Rock, por supuesto. Será que, al final, no soy un espectador tan sofisticado como me creo.

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