Sobre música, cine, literatura… ¿Me dejo algo que importe?

Archivo para noviembre, 2011

Ed Wood

Me gusta tan poco lo que han hecho Tim Burton y Johnny Depp juntos en los últimos quince años que a veces olvido que una vez parieron una obra maestra. Es un pequeño milagro que, de una historia deprimente como la del director Edward Davis Wood Jr., un amante del travestismo que murió alcoholizado a los 54 años, pudieran extraer una película tan tierna y vitalista como esta. Y, ahora que he rodado mi primer largometraje en condiciones probablemente no menos precarias que Plan 9 from outer space, encuentro inspirador a ese Ed Wood inasequible al desaliento, siempre con una sonrisa de oreja a oreja cuando está rodando (o intentando rodar).

También me resulta conmovedora esa escena en la que Wood y Orson Welles se encuentran en un bar, justo cuando el primero siente que empieza a flaquear, y se da cuenta de que ambos creadores, patán y genio, comparten las mismas angustias y los mismos éxtasis. Evidentemente, el encuentro solo ocurre en la cabeza de Wood, pues Welles tiene un aspecto físico idealizado, nada acorde con su sobrepeso de mediados de los 50. Pero se cumple el propósito: Wood vuelve al rodaje de Plan 9 con energías renovadas. Nadie va a impedirle completar su visión.

Ed Wood es, al fin y al cabo, un canto a la amistad. Como pregunta Bill Murray admirado, poco después de haber sido bautizado en una piscina por los baptistas que van a financiar el nuevo delirio del director: “¿Cómo consigues que tus amigos se bauticen para hacer una peliculilla de terror?”. En la extravagante tribu que rodea al Ed Wood de Burton (el decrépito y morfinómano Bela Lugosi, el falso vidente Criswell, la altiva Vampira, el luchador sueco Tor Johnson, el amanerado Bunny Beckinbridge) nadie juzga a nadie y todos se apoyan en los demás para seguir adelante.


No he mencionado todavía que Ed Wood está maravillosamente rodada y fotografiada en blanco y negro; que la recreación de todo el universo Wood y de los años 50 en general es impecable; que la banda sonora de Howard Shore es una de sus mejores, lo que ya es decir (Danny Elfman andaba a la gresca con Burton en aquella época), y que el maquillaje de Rick Baker ganó el Oscar con todo merecimiento. Pero eso son detalles menores. Lo que recuerdas de Ed Wood es su mensaje, que vendría a ser más o menos el mismo que Rocky: “No dejes que los demás decidan cuánto vales. Demuéstrate a ti mismo que se equivocan”.

Recomiendo Ed Wood.

Anuncios

Bill Murray, un genio

Una vez al año aproximadamente redescubro a Bill Murray. No se me ocurre nadie con un talento cómico equiparable al suyo, tan genuino: Bill Murray es capaz de hacerme reír, no ya cuando aparece en una película, sino incluso en una fotografía. Aquí están las pruebas.


Star Trek: La película (1979)

Atención trekkies madrileños: en la librería Books Center (c/Luchana 6, metro Bilbao) hay toneladas de ejemplares de todos los volúmenes publicados por la editorial Alberto Santos sobre Star Trek, al ridículo precio de dos euros cada uno. Podéis encontrar desde las guías de episodios de La conquista del espacio, La nueva generación o Espacio profundo 9 hasta las autobiografías de William Shatner y Leonard Nimoy.

Empujado por este arrebato de nostalgia, me dio por poner anoche el dvd de Star Trek: La película, posiblemente la cinta de ciencia-ficción más fascinantemente tediosa de la historia del cine: ríete tú de 2001 o Blade runner. Hay una escena de, no exagero, ¡seis minutos de duración!, en la que el almirante James Tiberius Kirk se acerca al Enterprise en una cápsula auxiliar que parece que nunca va a terminar de acoplarse a la nave principal. Es como ver crecer la hierba.

Kirk se pasa la película advirtiendo del tiempo que resta hasta que un ente desconocido y destructor llegue a la Tierra, pero no hace gran cosa al respecto; todo el mundo viste un pijama gris que aburre de solo mirarlo; el 70% de las escenas son diálogos filosóficos que tienen lugar en el puente de mando del Enterprise; no hay ni una sola escena de acción… El único que demostró tener sangre en las venas en este proyecto fue Jerry Goldsmith, que se marcó una partitura de las que provocan erecciones.

En fin, que Star Trek: La película sigue siendo tan coñazo como la recordaba de mi infancia. Lo malo es que esta bola ha echado a andar y ya no puedo pararla: esta noche tendré que ver Star Trek II: La ira de Khan. Que es bastante más divertida, ¡gracias a Dios!