Sobre música, cine, literatura… ¿Me dejo algo que importe?

Archivo para febrero, 2012

Sin comentarios

Cada vez que leo los comentarios que escribe la gente en una noticia del periódico, en un vídeo de YouTube o en un foro cualquiera, constato que ya no se estila privarte de opinar cuando no sabes nada del tema: en esta era nuestra, lo fundamental es tener una postura y defenderla con agresividad y arrogancia, sin importar lo estúpidas o demagógicas que suenen tus palabras. No está bien visto decir “lo siento, no tengo una opinión formada sobre ese tema” o “me falta información para opinar”.

Se me ocurre que no vendría mal poner a prueba los conocimientos de alguien sobre un tema antes de dejarle opinar. Aquí lanzo mi idea: cinco rápidas preguntas tipo test (sí/no) para ratificar que sabes de lo que hablas y, entonces sí, permitirte pontificar. Un ejemplo práctico. En una noticia deportiva, la primera pregunta podría ser: “¿Es Mourinho el entrenador del Barça?”. Solo con eso, ignorantes como yo nos abstendríamos de opinar sobre un tema del que no sabemos nada y que ni nos va ni nos viene.

Todo el mundo tiene derecho a opinar, pero no todo el mundo tiene criterio para hacerlo.


¡Viva Cronenberg!

Últimamente le estoy dando un repasillo a la etapa venérea de la filmografía de David Cronenberg, la que empieza en su ópera prima Vinieron de dentro de… y termina en Inseparables, pasando por Rabia, Cromosoma 3, Videodrome y La mosca. Algunas no las había vuelto a ver desde la infancia/adolescencia, cuando las descubrí gracias al memorable programa Noche de lobos (que una Antena 3 muy distinta a la actual emitía los domingos por la noche). Gracias Juan Luis Goas, donde quiera que estés.

Cronenberg aprendió a rodar rodando. Su evolución como narrador a lo largo de sus películas de los 70 es evidente, desde la tosquedad formal de Vinieron de dentro de… hasta la madurez expresiva de La zona muerta, ya en los 80. Sus inquietudes recurrentes, en cambio, están ahí desde el primer minuto: Cronenberg no debutó en la dirección de largometrajes hasta después de cumplir los treinta, y para entonces ya tenía bien claro lo que quería contar. Solo necesitó un par de películas para aprender el cómo.

Es curioso que, en esta época de remakes sin freno, nadie se haya abalanzado todavía sobre la obra de Cronenberg, pues sus primeros films (hasta Scanners, incluyendo este) son susceptibles de ser mejorados visualmente. Yo creo que es porque aún hoy resultan perturbadores para muchos. Al Cronenberg joven le fascinaban la carne, la sangre y el sexo, y los presentaba con una impudicia canadiense que no es fácil de reciclar en papilla mainstream como los remakes de La matanza de Texas, Las colinas tienen ojos o Los crazies.

Todas sus películas son (cuando menos) interesantes, pero La mosca es casi perfecta. Tres personajes, apenas una localización, noventa minutos para contar una tragedia anunciada. No es extraño que hace cuatro años se animaran a hacer una ópera con ella. Es el film de Cronenberg que más veces he visto, pero me sigue atrapando como la primera vez. Siento el mismo regocijo, el mismo asco, la misma pena. ¿He dicho casi perfecta? Es una puta obra maestra.

David Cronenberg es el único cineasta de su generación que sigue haciendo películas desafiantes y con garra (Una historia de violencia, Promesas del este, Un método peligroso), pero la locura cromosómica de sus primeras obras es difícil de superar. ¡Viva Cronenberg!