Sobre música, cine, literatura… ¿Me dejo algo que importe?

Archivo para marzo, 2012

Placeres culpables: “Terrorífica luna de miel”

Yo no sé si Terrorífica luna de miel (1986) es una buena película, ni quiero saberlo. Probablemente no lo es, pero ver su carátula con los logos de Orion y RCA Home Video me lleva a recordar mis horas de infancia pasadas en el video-club (primero Electro-Miguel, luego Imagen) y me pone inmediatamente de buen humor. Quien desdeña el formato físico de las películas es porque nunca sostuvo entre sus manos aquellas prometedoras carátulas en Beta o VHS, desgranando su diseño gráfico de colores chillones e inventando en su cabeza las películas que habría dentro, libre de la sobredosis de información que tenemos hoy en día sobre cada película que se estrena.

Terrorífica… es la última película dirigida por Gene Wilder y la última protagonizada por su mujer Gilda Radner, fallecida tres años después a los cuarenta y tres años. Hay en ella un aroma a fin de una época. Mel Brooks no participa de ninguna manera en ella, pero el parentesco con El jovencito Frankenstein es evidente: ambas son comedias inspiradas en los lugares comunes del género de terror escritas por Gene Wilder. Otro punto en común con la filmografía de Brooks es la presencia del actor Dom Deluise, que aquí hace un papel femenino desopilante, absolutamente maravilloso. Ni Carlos Areces interpretaría con más gracia ese personaje de señorona mayor.

Para mí, Wilder está on fire en esta película. Mucha gente le recuerda por su etapa setentera junto a Brooks (Los productores, Sillas de montar calientes) y por su encarnación de Willy Wonka; sin embargo, por proximidad temporal, yo conocí primero su etapa ochentera, que abarca esta película, La mujer de rojo (1984) y sus colaboraciones con Richard Pryor, No me chilles que no te veo (1989) principalmente. Cuando hizo Terrorífica…, Wilder tenía ya cincuenta y tres años, pero seguía conservando ese aspecto naif y ese aura de inocencia que hacían que conectara tan bien con la infancia. Por decirlo de otro modo, si alguien hubiera sacado un muñeco articulado de Gene Wilder al mercado en los ochenta, yo me lo hubiera comprado. Demonios, me lo compraría ahora.

Equidistante de El jovencito Frankenstein y de Aquí huele a muerto (Pues yo no he sido) (1990), Terrorífica luna de miel vendría a ser una versión low cost de Un cadáver a los postres (1976). Con todo, su dirección artística y su fotografía son bastante notables, y la música de John Morris es maravillosa, a la altura de las mejores que hizo para Mel Brooks.

No me atrevo a recomendar esta película, pero el hecho es que para mí son ochenta minutos de regocijo infantil. Y más en un dvd pelado de extras y con un doblaje en castellano de la época en sonido ¡Mono!: ni en VHS, vamos.

Terrorífica luna de miel: uno de mis placeres culpables.

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