Sobre música, cine, literatura… ¿Me dejo algo que importe?

Mafalda

Estos días estoy releyendo todas las viñetas de Mafalda, por enésima vez en mi vida pero por primera vez en varios años, y redescubriendo su grandeza. La inmortal creación de Quino se publicó por primera vez hace 48 años, pero no ha perdido ni un ápice de vigencia. Mafalda es atemporal.

Un problemilla que tengo al releer los diez álbumes de Mafalda es que estos pertenecieron a mis padres, que los compraron a principios de los 70 (en la portada se lee la advertencia “Para adultos”). El paso del tiempo y el uso los ha desencuadernado, desordenando varias de sus páginas, por lo que no estoy leyendo las viñetas en un orden estrictamente cronológico. Cuando concluya mi relectura correré a comprarme el volumen de Todo Mafalda que hay ahora mismo en las librerías. No me desharé de los álbumes viejos por motivos sentimentales, pero tengo ganas de saber cómo es leer Mafalda con orden y concierto.

Sé que recomendar Mafalda en 2012 es una obviedad, pero a menudo creemos conocer bien a un personaje y su universo cuando solo tenemos un vago recuerdo de ellos (¡otro día hablaremos de Rocky Balboa!). Las tiras de Mafalda son entrañables y divertidas, además de asombrosamente actuales a pesar de su medio siglo de vida.

De Quino se pueden admirar su agudeza como guionista y su frescura como dibujante, dos habilidades que rara vez confluyen en la misma persona. Además, supo “matar” a Mafalda en el momento justo, nueve años después de haberla creado; y nunca ha caído en la tentación de retomarla a pesar de su monstruosa popularidad, preservando así su recuerdo. Cualquiera que haya ojeado un álbum reciente de Astérix o Mortadelo y Filemón comprenderá el valor que tiene eso.

La única concesión comercial de Quino con su personaje fue ceder los derechos para que hicieran una serie argentina de animación con ella. No era muy lamentable ni pervertía la esencia del personaje, pero renunciaba a la pureza del blanco y negro de las viñetas por un mundo de colores en el que Mafalda no acababa de encajar del todo. A España nos llegó en forma de largometrajes directos a vídeo, aunque al menos uno sí se estrenó en cines, pues recuerdo haberlo visto con mi abuela en programa doble con una reposición de El retorno del Jedi. Benditos cines de barrio.

Leyendo las viñetas de Mafalda, acabas por reconocerte en ellas más a menudo incluso de lo que te gustaría. Cada personaje destaca por alguna cualidad intrínseca al ser humano (la obsesión por el dinero de Manolito, la constante evasión de la realidad de Felipe, el burgués conservadurismo de Susanita, el idealismo de Mafalda…) que en algún momento de la vida prevalece sobre las demás en nosotros mismos.

En resumen, que Mafalda sigue siendo tan grande como lo era en los 60, y recomiendo vivamente su (re)lectura.

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3 comentarios

  1. Pingback: additional thought

  2. Vince

    Me parece raro eso de “Roñica”, Estaba convencido que Guille dijese “Amadeta”, queriendo decir “amarreta” o “tacaña”. Será una edición Española?

    agosto 1, 2016 en 3:48 AM

    • Jorge

      Es muy probable que el editor español de la época modificara algunas expresiones para hacerlas comprensibles en la España de la época. La ironía es que algunas también se han quedado antiguas aquí.

      Saludos.

      agosto 1, 2016 en 7:20 AM

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