Sobre música, cine, literatura… ¿Me dejo algo que importe?

Archivo para febrero, 2013

“Acción mutante”: 20 años después

Acción mutante 1

Anoche volví a ver Acción mutante. Se cumplen dos décadas de su estreno en cines, en febrero de 1993. No es fácil explicar la importancia que esta película tuvo para mí, pero bueno, para eso escribo estas líneas, para intentarlo.

En febrero de 1993 tenía quince años recién cumplidos y vivía en Albacete. Hoy en día, esta ciudad castellano-manchega cuenta con una filmoteca, con un festival de cine y con veinte pantallas; y aquello a lo que no tienes acceso te lo descargas y punto. Pero hace dos décadas, el panorama era muy distinto. Las siete salas de cine de la ciudad eran el embudo por el que solo pasaban las pelis de más éxito, las de Tom Cruise y Eddie Murphy, mientras te resignabas a rescatar en VHS esos otros títulos de los que hablaban Fotogramas, Fantastic Magazine, Interfilms e Imágenes de Actualidad. Los viajes a Madrid, con sus centenares de salas de cine, eran para mí como visitar la fábrica de chocolate de Willy Wonka: el paraíso. Pero yo no vivía en el paraíso, vivía en el páramo. Y quería ver cine. Y quería hacer cine.

Antes de Acción mutante, para un adolescente de provincias no era razonable pensar que el cine español pudiera satisfacer ese hambre. Era una cosa así como viejuna, circunspecta, de premios: Amantes, El disputado voto del señor Cayo, La casa de Bernarda Alba, Beltenebros, La blanca paloma, Jarrapellejos… Las pelis autóctonas, irónicamente, parecían hablarte en otro idioma, y no solo por el casi siempre terrible sonido directo. Vale, estaban las comedias de Resines, Sé infiel y no mires con quién, La vida alegre, que eran más llevaderas. Y aquella del niño al que le salían alas que no paraban de ponerte en Super 8 en clase de religión. Pero que no, vaya, que no podían compararse con el gustirrinín que daba Mad Max 2.

 

En julio de 1992 se publicó un extenso artículo en Fantastic Magazine sobre el rodaje de Acción mutante. Lo firmaba Daniel Monzón. No sé si llegué a memorizar ese texto, pero los nombres que aparecían en él se me quedaron grabados: Álex de la Iglesia, Carles Gusi, Jorge Guerricaechevarría, Enrique Urbizu, Arri/Biafra, Álex Angulo, Santiago Segura… Esa gente era importante. Estaban creando una generación… y lo estaban haciendo sin mí, que no era más que un teenager que vivía en el puto Albacete. Maldición.

Conté los días hasta el estreno de Acción mutante, el 3 de febrero del año siguiente. De poco me sirvió: a Albacete no llegaría hasta dos meses después. Al menos llegó, a la minúscula sala 2 del Cine Candilejas. Por aquel entonces yo caminaba con muletas por culpa de un esguince, pero era inconcebible que dejara pasar un solo día más sin ver esa película. Y, ¿qué había más apropiado que ir a ver una cinta sobre tullidos siendo uno? Le dije a mi padre que me dejara allí a las cinco de la tarde y me recogiera a las nueve: sabía que iba a verla dos veces seguidas porque no cabía la opción de que Acción mutante no me gustara.

Acción mutante

Si alguna película me ha hecho soñar alguna vez, esa es Acción mutante. Por supuesto que de Indiana Jones y La guerra de las galaxias salimos todos flipando, imaginando mundos; pero, como aspirante a cineasta, sabía que aquello estaba fuera de mi alcance. La electricidad que transmitía Acción mutante era otra: la había rodado un veinteañero de Bilbao. Aquello ERA POSIBLE.

(Cito las palabras del mismo Álex de la Iglesia, respecto a lo que él sintió cuando se enteró de que otro bilbaíno iba a dirigir su primera película: “El gran responsable de que yo me planteara hacer cine fue Enrique Urbizu. En el 88, Enrique dirige su primera película, Tu novia está loca, de la que yo hago el cartel. De los cortos en Super 8 había pasado directamente a un largo en 35 mm Parabellum. Me tiré cincuenta noches sin dormir pensando en eso. Yo funciono mucho por emulación, por no decir por puta envidia. Por un lado pensaba: “¡Lo ha hecho! ¡Ha roto el sello!”. De repente, alguien de mi entorno, un amigo de toda la vida, creaba su propia productora y entraba en un mundo que yo creía reservado a los elegidos por los dioses. Pero la siguiente pregunta fue: “¿Por qué él y yo no?”).

Acción mutante no entusiasmó a los cineastas y críticos de la vieja guardia. Recuerdo la sonrisa de compromiso de Antonio Giménez-Rico (un conocido de mis abuelos al que acudimos buscando consejo sobre cómo aquel chaval podía meter cabeza en el cine) cuando se desbordaba mi entusiasmo al hablar de Acción mutante. Comprendo ahora, con la perspectiva que dan estas dos décadas, por qué a aquel hombre no le hacía ninguna gracia el desembarco de la generación de cineastas vascos: cada ola barre a la anterior. Pero yo tenía quince años y solo veía futuro, ni presente ni pasado.

La savia nueva, sin embargo, no llegó solo a las pantallas, sino también al periodismo y la crítica cinematográfica. Hubo gente que sí entendió Acción mutante. Jordi Costa escribió en Fantastic Magazine: “No sé si ha nacido un genio, pero sí un cineasta español que, por fin, habla en nuestro mismo idioma, el de quienes hemos disfrutado el Hardboiled de Miller y Darrow sin haber olvidado a las Hermanas Gilda, de quienes le habíamos cogido cariño a Bruce Campbell sin renunciar a San Lee Marvin”.

 

Durante toda la década de los 90, Álex de la Iglesia fue mi héroe. Mirindas asesinas, Acción mutante y El día de la bestia cambiaron la forma en la que percibíamos el cine español. Por el bien de todos, llegó un momento en el que tuvimos que bajar a Álex de ese pedestal, o tal vez fue él mismo el que necesitó hacerlo. Pero la semilla ya estaba plantada.

Vista hoy, Acción mutante posee una belleza analógica irrecuperable. Es una película orgánica y barroca, y muy hermosa a su manera. Se nota que todos están dando el 101% en un proyecto en el que creen, que imaginan irrepetible, sin saber que un día existirán Perdita Durango, Muertos de risa, La comunidad y, ay, Balada triste de trompeta. Por decirlo claro, hay sangre en cada fotograma de esta película.

Para mí, Acción mutante es la Zona Cero de ese nuevo cine español, más incluso que El día de la bestia o Tesis. Feliz cumpleaños, mutantes.

 

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