Sobre música, cine, literatura… ¿Me dejo algo que importe?

Archivo para abril, 2013

Réquiem por un sueño

cinesrenoir

La noticia del cese de actividad de la productora y distribuidora Alta Films, y el drástico recorte de sus salas de exhibición (no está claro aún cuántas de ellas permanecerán abiertas, ni por cuánto tiempo), es un varapalo para cineastas y cinéfilos españoles que empezamos ya a preguntarnos si esto no será, irrevocablemente, el fin de una era.

En la última década se ha redefinido lo que es cine alternativo: básicamente, todo lo que no es Iron Man 3, lo que no viene apoyado por una distribuidora multinacional. Como las películas enormes tienen una vida cada vez más efímera en las salas, necesitan copar el parque de cines el primer fin de semana para ser rentables; así que es posible que 800 pantallas proyecten la semana que viene Iron Man 3. En esa situación de cuasi-monopolio en la exhibición, no queda aire para que respiren distribuidoras y películas más modestas.

Un diagrama sencillo para quienes no entienden cómo afecta la caída de la principal distribuidora/exhibidora de cine independiente de España a todos los estratos de la profesión:

dominoTengo en casa un Teleprograma de diciembre del 84: el éxito de esas Navidades, Indiana Jones y el templo maldito, se proyectaba en tres cines en Madrid capital. Tenía meses por delante para amortizarse y, por tanto, dejaba hueco para otras propuestas. En esa misma cartelera están también, de estreno o de reposición, La balada de Narayama, Broadway Danny Rose, Dersu Uzala, Dos en la carretera, El crack, Eric oficial de la reina, Feliz Navidad Mr Lawrence, Fanny Pelopaja, Interiores, Laberinto de pasiones, La ley de la calle, La muerte de Mikel, El pico, Papillon, ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, Los santos inocentes, Tasio… De verdad, no me lo invento, esa utopía pasaba. Podíamos elegir.

Comprendo que la gente vaya menos al cine que antes. Hay más ofertas de ocio; es más caro y tenemos menos dinero. Y no todas las salas están a la altura. El público, por cierto, tampoco; incluso yo he aborrecido últimamente la “experiencia colectiva” del cine, hastiado de la gente que tuitea y guasapea durante la proyección, incapaces de centrar su atención en algo durante hora y media e insensibles al perjuicio que causan a los que les rodean. Tíos, si la sala está a oscuras será por algo, ¿no?

cine

Como cineasta te haces otras preguntas. Si no hay dinero, privado o público, para producir; si las televisiones no emiten cine minoritario o europeo; si las distribuidoras quiebran y los cines cierran… ¿Qué nos queda? Vale, queda internet. No es la pantalla con la que soñábamos de pequeños, pero es una ventana de exhibición más. Pongamos que eres de esos que gustan de la extravagancia de pagar por ver una película online; pongamos que un título tiene 50.000 descargas legales (jajaja) a 3 euros cada una. Eso hace un total de 150.000 euros recaudados, de los que quizá la mitad van para el productor. Así que más vale que la película y su venta no hayan costado más de 75.000 euros. ¿Se puede crear una industria sostenible así? No, no se puede. Es un negocio ruinoso.

Yo, personalmente, no tengo ganas de estar pateando el cadáver de una mula para ver si se pone en pie y anda. Solo tenemos una vida. Si esto no marcha, iré donde haga falta para hacer películas, donde haya trabajo, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Sudamérica… Pero no es lo que quiero. A mí me gustaría que una película mía, rodada aquí, inspirara tanto a algún chaval como a mí me inspiró El día de la bestia la primera vez que la vi en un Cine Rex de Gran Vía a rebosar: que sintamos orgullo por lo que hacemos y contagiemos esa ilusión. Parece que esa clase de gloria solo está reservada a los futbolistas.

Cine Rex

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