Sobre música, cine, literatura… ¿Me dejo algo que importe?

Archivo para octubre, 2017

Emulación

¿Os he contado aquella vez que me llamó un Premio Nobel y no le devolví la llamada?

Un poco de contexto primero. La emulación es la primera forma en la que se manifiesta la creatividad de cualquier persona. A los seis años, si te impresiona “El retorno del Jedi”, dibujas palotes con espadas láser y continúas a tu manera las aventuras de Luke, Leia y Han. A los quince años, deslumbrado por Tarantino y Woo, pones a tus amigos vestidos de traje a apuntarse mutuamente con pistolas en tus cortos de Hi8.

A mis veintitrés años, mi forma de emulación era la adaptación cinematográfica: coger una novela que me hubiera impresionado y adaptarla a un guión sin que nadie me lo pidiera. En el peor de los casos sería un buen ejercicio para mi escritura, me justificaba a mí mismo.

Así lo hice con “Ensayo sobre la ceguera”, de José Saramago, que titulé “Mundo ciego”. Cuando lo terminé, en marzo de 2002, me pregunté: “¿Y ahora qué coño hago con esto?”. Y sin darle muchas vueltas, se lo envié a Saramago.

En 2002 yo no tenía teléfono móvil y repartía mi tiempo libre entre Albacete y Madrid, así que esos fueron los teléfonos fijos que anoté en la carta adjunta que le envié, asumiendo que nunca recibiría respuesta. Una tarde de abril en Albacete fui a ver “La guerra de Hart”, con Bruce Willis y Colin Farrell. Al volver a casa, había un mensaje en el contestador de Pilar del Río, traductora y mujer de Saramago. Decía: “Hola Jorge. Estoy aquí con Jose, hemos recibido tu guión, lo hemos leído con mucho interés y a Jose le gustaría charlar contigo. Volveremos a llamar”.

Cumplieron su palabra. Un par de días después, volví a Madrid y tenía un mensaje similar en mi contestador; lógicamente, el último. Mi padre quiso asesinarme por no tener móvil. Yo traté de tomármelo con filosofía. Averigüé el estado de los derechos y, claro está, se habían vendido para una adaptación cinematográfica. Lo único que Saramago pretendía, supongo, era agradecerme que su obra me hubiera inspirado tanto como para escribir un guión de más de cien páginas sin que nadie me lo pidiera; y (supongo también) aconsejarme que había llegado la hora de dejar de emular para empezar a crear mis propias obras. Me hubiera gustado oírlo pero, de todos modos, así lo hice: pronto empecé a escribir guiones de largometraje originales.

La película “Blindness” se estrenó unos años después. Tenía un reparto de ensueño (Julianne Moore, Mark Ruffalo), un guión bastante parecido al mío (no soy ningún conspiranoico, así que simplemente asumí que mi adaptación había tocado las teclas correctas) y una dirección, a mi entender, completamente errada. La considero una peli fallida, una oportunidad perdida. También es cierto que no soy imparcial.

Pero, ¿sabéis qué película detesto de verdad? “La guerra de Hart”.

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Películas lentas, espectadores con déficit de atención

Todo creador con afán de difundir su obra (y puestos a soñar, vivir de ella) ha tenido que enfrentarse tarde o temprano al dilema de cuán accesible hacer esta para el gran público. Les sucede a músicos, pintores, escultores, arquitectos, poetas, escritores y, por supuesto, a cineastas. En estos últimos el conflicto se agudiza por ser la suya (la nuestra) la disciplina artística que mayor inversión y retorno económico requiere.

Hay directores que buscan al público y otros que confían en que el público los buscará a ellos. Para ejemplificarlo, nadie mejor que dos directores a los que separa solamente una letra y, al mismo tiempo, un mundo: Paul W. Anderson y Paul T. Anderson. El primero es el artífice de la saga Resident Evil, cuya trama no simplificamos mucho si decimos que trata de Milla Jovovich matando zombies. Durante seis entregas. El segundo ha dirigido en el último lustro un par de películas opacas y fascinantes, The Master y Puro vicio, que destacan por ser las menos accesibles para el gran público que se hayan producido en Hollywood en lo que va de siglo.

Paul W. es, con toda seguridad, diez veces más rico que Paul T. En un mundo cada vez más acostumbrado a medir el éxito en términos monetarios, habría pocas dudas sobre cuál de los dos es el verdadero triunfador. ¿Significa eso que el primero ha escogido el camino correcto como creador, el de hacer un cine accesible para todos, mientras que el segundo está desperdiciando su talento en empresas quijotescas que no interesan a nadie salvo a los críticos de Dirigido Por o Cahiers du Cinema?

Spoiler para quien quiera dejar de leer ahora: no tengo la respuesta.

El cine español recibe a menudo acusaciones de tratar temas que no interesan a nadie, y de hacerlo con un estilo narrativo deplorable en comparación con el cine americano. Nada de eso es cierto (en España se producen cientos de películas al año que no tienen nada que ver entre sí, ni en intención ni en estilo), pero para el propósito de estas líneas supongamos que sí lo es: que el cine español es un cine que se mira el ombligo, poco interesado en ponérselo fácil a sus espectadores. ¿Sería eso necesariamente malo? Quizá el malentendido se produzca por ser el cine la forma de arte más accesible, de ahí que algunos piensen que está obligado a satisfacerles como otras formas de ocio como el paint-ball o los cars (que las salas se hayan desplazado de las grandes avenidas de las ciudades a los centros comerciales periféricos no ha ayudado a combatir esa percepción). Si a otras artes no les pedimos que sean accesibles para toda clase de público, ¿por qué al cine sí?

Las películas “comerciales” nos complacen cada vez menos porque están rebajando su nivel para pasar por debajo del listón de lo que llamamos cultura popular. El problema es que ese listón no deja de descender. Esto no significa necesariamente que seamos menos cultos, pero sí somos mucho menos inquietos. No nos gusta que nos desafíen intelectualmente. Hace unos días, en una proyección de “Llega de noche”, pude sentir el murmullo de irritación en la sala ante el final ambiguo (y abrupto, todo sea dicho) de la cinta. El público mostraba así su malestar por no recibir una gratificación inmediata por el dinero que habían pagado. El final de “Wonder Woman”, por contra, lo pone fácil: el bien gana sobre el mal, siendo el bien la chica guapa que viste colores alegres y el mal el hombre feo y de oscuro que vocifera frases grandilocuentes. Conviene que los espectadores abandonen la sala satisfechos porque les necesitamos de vuelta en unos meses para la próxima entrega del serial superheroico, pensarán en Warner y DC.

Ese cine de puro escapismo está obligado al más difícil todavía para mantener nuestra atención. En 1996, la primera parte de la saga “Misión: Imposible” mostraba a Tom Cruise agarrado al techo de un tren de alta velocidad; esta escena climática llegaba tras cien minutos de película. Diecinueve años después, la quinta entrega de la saga enseñaba a Cruise agarrado al ala de un avión despegando… en la primera escena. El rodillo promocional se aseguró además de que nos enteráramos que la hazaña había sido realizada sin efecto alguno por el propio actor. La pantalla de cine compite con la del móvil incluso dentro de la propia sala, y hace falta abofetear al espectador desde el primer minuto para que preste atención.

Al contrario de lo que nos gusta creer (de nuevo buscando soluciones fáciles), esto no es un problema generacional. Mis padres, por ejemplo, son personas cultas. Se separaron hace dos décadas, así que no han seguido caminos paralelos. Mi padre mide la calidad de las películas por el número de veces que mira el reloj durante la proyección; si no lo hace hasta el minuto sesenta, entonces es buena. El formato favorito de mi madre es la serie de investigación de cincuenta minutos de duración en la que, finalmente, el crimen se resolverá y la justicia prevalecerá (el mismo concepto que “Wonder Woman”). Mis padres han olvidado que hubo un tiempo en el que iban al cine a ver películas de Bernardo Bertolucci, Françoise Truffaut, Roman Polanski, Francis Ford Coppola, Carlos Saura, Pier Paolo Pasolini, Terry Gilliam, Sidney Lumet, Ingmar Bergman, Brian DePalma, Luis Buñuel, cineastas que les desafiaban, en suma. Hoy, ante esas mismas películas, mi padre miraría irritado el reloj en el minuto treinta, y mi madre suspiraría y pondría los ojos en blanco al descubrir que el detective no solo no ha resuelto el caso, sino que nunca tuvo la menor intención de hacerlo. Y hablamos, repito, de personas mundanas y cultas.

¿Deben claudicar los cineastas y aceptar que el público mayoritario ya no tiene el tiempo, el interés o la paciencia para afrontar cualquier propuesta que se aleje de lo que conocen y esperan? Como he dicho más arriba, no tengo la respuesta, pero veo las señales. Que David Fincher, diez años después de una película adulta y magnífica como “Zodiac”, esté preparando una secuela de “Guerra Mundial Z”, puede interpretarse como una rendición por parte de este cineasta. Y un signo de los tiempos: el Hollywood de hoy en día reconoce el talento, pero no sabe cómo darle uso. Al menos en los setenta no ponían a Polanski a dirigir “Tiburón 2”.

Resumiendo: la película no es lenta, solo te lo parece porque tu capacidad de atención se ha equiparado a la de una larva de mosquito. ¡Despierta!


Ya a la venta la edición especial en DVD de “Otro verano”

Cameo ha sacado a la venta una edición especial en DVD de “Otro verano” que, además de la película, incluye un tráiler, un making of de 53 minutos, un audiocomentario de un servidor junto con el coguionista Juan Manuel Cuerda, y un precioso libreto de 28 páginas con imágenes y textos inéditos. Ah, y el estuche es rojo. Es, realmente, la edición más completa a la que una peli independiente española puede aspirar.

Si eres de los que aún compran y coleccionan películas en formato físico, ¡me alegrarás el día si te haces con una copia de “Otro verano”!

CAMEO: http://cameo.es/otro-verano.HTML

AMAZON: https://www.amazon.es/Otro-verano-DVD-Pablo-Chiapella/dp/B0759JPTVJ/ref=sr_1_1?s=dvd&ie=UTF8&qid=1507554179&sr=1-1&keywords=otro+verano+DVD

FNAC: https://www.fnac.es/a1403008/Otro-verano-Pablo-Chiapella?omnsearchpos=1

EL CORTE INGLÉS: http://www.elcorteingles.es/cine/A24207889-otro-verano-dvd/

DVD GO: http://www.dvdgo.com/dvd-otro-verano—dvd–/5942299