Sobre música, cine, literatura… ¿Me dejo algo que importe?

Emulación

¿Os he contado aquella vez que me llamó un Premio Nobel y no le devolví la llamada?

Un poco de contexto primero. La emulación es la primera forma en la que se manifiesta la creatividad de cualquier persona. A los seis años, si te impresiona “El retorno del Jedi”, dibujas palotes con espadas láser y continúas a tu manera las aventuras de Luke, Leia y Han. A los quince años, deslumbrado por Tarantino y Woo, pones a tus amigos vestidos de traje a apuntarse mutuamente con pistolas en tus cortos de Hi8.

A mis veintitrés años, mi forma de emulación era la adaptación cinematográfica: coger una novela que me hubiera impresionado y adaptarla a un guión sin que nadie me lo pidiera. En el peor de los casos sería un buen ejercicio para mi escritura, me justificaba a mí mismo.

Así lo hice con “Ensayo sobre la ceguera”, de José Saramago, que titulé “Mundo ciego”. Cuando lo terminé, en marzo de 2002, me pregunté: “¿Y ahora qué coño hago con esto?”. Y sin darle muchas vueltas, se lo envié a Saramago.

En 2002 yo no tenía teléfono móvil y repartía mi tiempo libre entre Albacete y Madrid, así que esos fueron los teléfonos fijos que anoté en la carta adjunta que le envié, asumiendo que nunca recibiría respuesta. Una tarde de abril en Albacete fui a ver “La guerra de Hart”, con Bruce Willis y Colin Farrell. Al volver a casa, había un mensaje en el contestador de Pilar del Río, traductora y mujer de Saramago. Decía: “Hola Jorge. Estoy aquí con Jose, hemos recibido tu guión, lo hemos leído con mucho interés y a Jose le gustaría charlar contigo. Volveremos a llamar”.

Cumplieron su palabra. Un par de días después, volví a Madrid y tenía un mensaje similar en mi contestador; lógicamente, el último. Mi padre quiso asesinarme por no tener móvil. Yo traté de tomármelo con filosofía. Averigüé el estado de los derechos y, claro está, se habían vendido para una adaptación cinematográfica. Lo único que Saramago pretendía, supongo, era agradecerme que su obra me hubiera inspirado tanto como para escribir un guión de más de cien páginas sin que nadie me lo pidiera; y (supongo también) aconsejarme que había llegado la hora de dejar de emular para empezar a crear mis propias obras. Me hubiera gustado oírlo pero, de todos modos, así lo hice: pronto empecé a escribir guiones de largometraje originales.

La película “Blindness” se estrenó unos años después. Tenía un reparto de ensueño (Julianne Moore, Mark Ruffalo), un guión bastante parecido al mío (no soy ningún conspiranoico, así que simplemente asumí que mi adaptación había tocado las teclas correctas) y una dirección, a mi entender, completamente errada. La considero una peli fallida, una oportunidad perdida. También es cierto que no soy imparcial.

Pero, ¿sabéis qué película detesto de verdad? “La guerra de Hart”.

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