Sobre música, cine, literatura… ¿Me dejo algo que importe?

Películas lentas, espectadores con déficit de atención

Todo creador con afán de difundir su obra (y puestos a soñar, vivir de ella) ha tenido que enfrentarse tarde o temprano al dilema de cuán accesible hacer esta para el gran público. Les sucede a músicos, pintores, escultores, arquitectos, poetas, escritores y, por supuesto, a cineastas. En estos últimos el conflicto se agudiza por ser la suya (la nuestra) la disciplina artística que mayor inversión y retorno económico requiere.

Hay directores que buscan al público y otros que confían en que el público los buscará a ellos. Para ejemplificarlo, nadie mejor que dos directores a los que separa solamente una letra y, al mismo tiempo, un mundo: Paul W. Anderson y Paul T. Anderson. El primero es el artífice de la saga Resident Evil, cuya trama no simplificamos mucho si decimos que trata de Milla Jovovich matando zombies. Durante seis entregas. El segundo ha dirigido en el último lustro un par de películas opacas y fascinantes, The Master y Puro vicio, que destacan por ser las menos accesibles para el gran público que se hayan producido en Hollywood en lo que va de siglo.

Paul W. es, con toda seguridad, diez veces más rico que Paul T. En un mundo cada vez más acostumbrado a medir el éxito en términos monetarios, habría pocas dudas sobre cuál de los dos es el verdadero triunfador. ¿Significa eso que el primero ha escogido el camino correcto como creador, el de hacer un cine accesible para todos, mientras que el segundo está desperdiciando su talento en empresas quijotescas que no interesan a nadie salvo a los críticos de Dirigido Por o Cahiers du Cinema?

Spoiler para quien quiera dejar de leer ahora: no tengo la respuesta.

El cine español recibe a menudo acusaciones de tratar temas que no interesan a nadie, y de hacerlo con un estilo narrativo deplorable en comparación con el cine americano. Nada de eso es cierto (en España se producen cientos de películas al año que no tienen nada que ver entre sí, ni en intención ni en estilo), pero para el propósito de estas líneas supongamos que sí lo es: que el cine español es un cine que se mira el ombligo, poco interesado en ponérselo fácil a sus espectadores. ¿Sería eso necesariamente malo? Quizá el malentendido se produzca por ser el cine la forma de arte más accesible, de ahí que algunos piensen que está obligado a satisfacerles como otras formas de ocio como el paint-ball o los cars (que las salas se hayan desplazado de las grandes avenidas de las ciudades a los centros comerciales periféricos no ha ayudado a combatir esa percepción). Si a otras artes no les pedimos que sean accesibles para toda clase de público, ¿por qué al cine sí?

Las películas “comerciales” nos complacen cada vez menos porque están rebajando su nivel para pasar por debajo del listón de lo que llamamos cultura popular. El problema es que ese listón no deja de descender. Esto no significa necesariamente que seamos menos cultos, pero sí somos mucho menos inquietos. No nos gusta que nos desafíen intelectualmente. Hace unos días, en una proyección de “Llega de noche”, pude sentir el murmullo de irritación en la sala ante el final ambiguo (y abrupto, todo sea dicho) de la cinta. El público mostraba así su malestar por no recibir una gratificación inmediata por el dinero que habían pagado. El final de “Wonder Woman”, por contra, lo pone fácil: el bien gana sobre el mal, siendo el bien la chica guapa que viste colores alegres y el mal el hombre feo y de oscuro que vocifera frases grandilocuentes. Conviene que los espectadores abandonen la sala satisfechos porque les necesitamos de vuelta en unos meses para la próxima entrega del serial superheroico, pensarán en Warner y DC.

Ese cine de puro escapismo está obligado al más difícil todavía para mantener nuestra atención. En 1996, la primera parte de la saga “Misión: Imposible” mostraba a Tom Cruise agarrado al techo de un tren de alta velocidad; esta escena climática llegaba tras cien minutos de película. Diecinueve años después, la quinta entrega de la saga enseñaba a Cruise agarrado al ala de un avión despegando… en la primera escena. El rodillo promocional se aseguró además de que nos enteráramos que la hazaña había sido realizada sin efecto alguno por el propio actor. La pantalla de cine compite con la del móvil incluso dentro de la propia sala, y hace falta abofetear al espectador desde el primer minuto para que preste atención.

Al contrario de lo que nos gusta creer (de nuevo buscando soluciones fáciles), esto no es un problema generacional. Mis padres, por ejemplo, son personas cultas. Se separaron hace dos décadas, así que no han seguido caminos paralelos. Mi padre mide la calidad de las películas por el número de veces que mira el reloj durante la proyección; si no lo hace hasta el minuto sesenta, entonces es buena. El formato favorito de mi madre es la serie de investigación de cincuenta minutos de duración en la que, finalmente, el crimen se resolverá y la justicia prevalecerá (el mismo concepto que “Wonder Woman”). Mis padres han olvidado que hubo un tiempo en el que iban al cine a ver películas de Bernardo Bertolucci, Françoise Truffaut, Roman Polanski, Francis Ford Coppola, Carlos Saura, Pier Paolo Pasolini, Terry Gilliam, Sidney Lumet, Ingmar Bergman, Brian DePalma, Luis Buñuel, cineastas que les desafiaban, en suma. Hoy, ante esas mismas películas, mi padre miraría irritado el reloj en el minuto treinta, y mi madre suspiraría y pondría los ojos en blanco al descubrir que el detective no solo no ha resuelto el caso, sino que nunca tuvo la menor intención de hacerlo. Y hablamos, repito, de personas mundanas y cultas.

¿Deben claudicar los cineastas y aceptar que el público mayoritario ya no tiene el tiempo, el interés o la paciencia para afrontar cualquier propuesta que se aleje de lo que conocen y esperan? Como he dicho más arriba, no tengo la respuesta, pero veo las señales. Que David Fincher, diez años después de una película adulta y magnífica como “Zodiac”, esté preparando una secuela de “Guerra Mundial Z”, puede interpretarse como una rendición por parte de este cineasta. Y un signo de los tiempos: el Hollywood de hoy en día reconoce el talento, pero no sabe cómo darle uso. Al menos en los setenta no ponían a Polanski a dirigir “Tiburón 2”.

Resumiendo: la película no es lenta, solo te lo parece porque tu capacidad de atención se ha equiparado a la de una larva de mosquito. ¡Despierta!

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Una respuesta

  1. Javier

    No creo que las células de una larva de mosquito reaccionen más lentamente que otras que no sean de mosquito. Por ejemplo, según he leído, las células tumorales reaccionan de manera distinta entre sí y, además, lógicamente, en función del tratamiento anti cancerígeno que se les aplique.

    Aplicando esta teoría al tema que nos ocupa: el espectador reaccionará de manera diferente según el “tratamiento” que le aplique el director de la película y, la reacción, será diferente en cada espectador. Culpar al espectador de que una película sea un bodrio, es la forma más ruin de quitarse responsabilidades. ¡Ahora va a resultar que todos los guiones son buenos, los directores fantásticos y es el tonto, del tío que ve la peli, que está ahí, repanchigado como un sapo, el que es un inepto, inculto, imbécil y una bazofia cinéfila que no se da cuenta del tesoro que tiene ante sus ojos!
    Creo que cada parte debe asumir su porcentaje de culpa…
    Además, ante una pintura, una me gustará más que otra y algunas no me gustarán nada… Es el Guernica un buen cuadro? Le tiene que gustar a la gente porque es de Picasso? Por lo que representa? Y si la gente lo ve, sin saber nada de él, le gustará igual? Y ante la música me pasará lo mismo…. ¿Es el cine, algo especial?

    Por cierto Jorge, no seas tan reduccionista… Y hasta algo tergiversador…Por lo que conozco a tu padre, no me creo que mida la calidad de las películas por las veces que mira el reloj. Quizás está mirando el reloj, pensando que, con la cantidad de medios técnicos, económicos y humanos con los que cuenta la película que está viendo, el director de la misma no haya sabido darle el ritmo adecuado para gustar y entretener al público contando una historia y que, seguro, que si ese despliegue de medios lo tuviera su hijo, le daría el toque correcto y adecuado para que ese maldito público reaccionara ante la pantalla ¡como la más jodida e inteligente pandilla de larvas extraterrestres asesinas!
    Además, seguro que ve Carrie, Los Intocables, Aterriza como puedas, El Padrino, 2001, Psicosis, Pulp Fiction, ET, Indiana Jones, Uno de los nuestros, Casino, Sin perdón, Alíen, Terminator, Macht Point, El hombre tranquilo, Seven, Regresó al futuro, La semilla del diablo, Érase una vez en América, Pat Garret y Billy El Niño, Alguien voló sobre el nido del Cuco, La Noche de los Muertos Vivientes, Funny Games, El Verdugo y algunas más, sin mirar el reloj ni una maldita vez. Ni él, ni la mayor parte de las jodidas bacterias que estén viendo esas películas con él, Y, probablemente, la razón sea, simplemente, que esas son, en todo su proceso, desde el principio al fin, películas muy buenas.

    Resumiendo: simplificando como haces, la capacidad de atención de una persona ante una película, oscila entre una larva de mosquito y el nuevo hombre de 2001, en base a la calidad de la película. Y eso, como sabes, depende en la mayor parte del director. ¡Despierta!

    noviembre 19, 2017 en 6:14 PM

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